martes, 27 de julio de 2010

Los deberes

Me mandan un alumno a la dirección y entra con un hosco gesto partiéndole en dos la frente ensombrecida.
No es necesario preguntarle nada para saber que la vida no lo acogió en el sendero de los felices. Tiene el cuerpo flaco, las rodillas ásperas, las zapatillas gastadas, el guardapolvo con remiendos, las manos nudosas y los ojos –los ojos, el espejo del alma- preñados de angustia.
No sé si la maestra ha podido ver todo eso, porque generalmente la maestra, a fuerza de ver los programas, el horario, el método, el procedimiento, el inspector y la técnica, concluye por no ver al niño.
Me lo han mandado “porque no hace los deberes ni estudia la lectura y no sirve para nada”.
Para captarme su confianza le hablo de cualquier cosa, lo primero que se me ocurre:
—Qué lástima, cómo se ha ensuciado el patio con esta humedad. ¿Viste?
—A “nosotro” nos embroma este tiempo para lustrar.
Ya está todo, ya no hace falta averiguar nada más para explicarse por qué es mal alumno.
Trabaja, lustra.
—Y cuando la lustrada está floja —me dice después de otras cosas—, los lunes y los viernes vendo pastillas...
— ¿Y tu papá, qué hace?
—A mi papá lo llevaron al hospicio; estaba loco de tanta bebida...
¡No me atrevo a preguntar más, ni cuántos hermanitos son, ni qué hace la madre, ni nada!
Me quedo doblada en dos, enmudecida, porque ya no es la primera vez que me contestan así, porque estoy cansada de comprobar que estos llamados malos alumnos no lo son por propia voluntad, sino porque la vida los maltrató primero. Ya me está dando miedo investigar, ya me está dando miedo acariciar un chico porque en seguida me abre su corazoncito, y ese corazón está siempre lleno de tragedia. Y lo peor es que el mío no se endurece a fuerza de sufrir con la pena de estas criaturas, sino que se sensibiliza más y más, a tal punto que a veces me basta sólo la fugaz mirada de un niño para comprenderlo todo!
¡No, no me atrevo a preguntar nada más! Pero tengo que justificar mi autoridad en la escuela, tengo que intentar siquiera algo para decirle a la maestra que este alumno me ha prometido cumplir con sus deberes, repasar la lectura, atender en clase.
Y después de hablar un rato, termino pidiéndole:
—Me traes a mí una copia nada más. Cortita, lo que puedas, con lápiz, como sea. Una vez por semana... y si puedes dos. Así yo le diré a la maestra que me traes a mí los deberes, ¿entendido?
Sí, me lo promete. Me lo promete y cumplirá. ¡Y yo tendré en mis manos unas hojitas borroneadas, sucias, escritas con esas manos nudosas y ásperas que lustran zapatos de los otros para poder comprarse zapatillas!
¡Primero será una copia, después el problema, luego más, más! Yo soy maestra y tengo el deber de pedirles trabajo para la escuela.
Porque si no fuera así, y me dejara llevar por el impulso de mi corazón, es probable que, cruzada de brazos delante de estos alumnos que no tienen padre, que comen mal y duermen peor, que cuentan diez años y ya saben lo amargo que es ganarse la vida, dijera:
— ¿Deberes? Ustedes no tienen que hacer deberes. Jueguen en la calle si les queda tiempo, aprendan lo malo, háganse miserables. Nada de deberes. Ustedes no tienen ni el deber de ser buenos, porque les han negado el derecho a la felicidad.
(Herminia Brumana, “Tizas de Colores”, en Obras completas [1958], Buenos Aires,
Claridad, pág. 230.)
En “Tizas de colores” presenta sus experiencias como docente primaria.
Luego de leer este cuento me sentí identificada con Herminia Brumana. Identificada porque lo que le sucedió a ella con ese alumno me pasó a mí en la escuela para adultos, con los chicos del aula integradora, pero no como docente, sino como coordinadora de ese espacio, gracias a las prácticas propuestas dentro del marco de la materia Comunicación/Educación de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP.
Iba leyendo la experiencia de Herminia y recordé por ejemplo a César, uno de los chicos de ese aula, que en un momento comenzó a llegar tarde a clases. Venía de traje con su cuerpo cansado, pero con el espíritu alegre y siempre con ánimo para hacer las actividades con nosotros. Luego de que le pregunte la razón de sus llegadas tardes, me contestó que era porque había conseguido otro trabajo más, aparte del de portero, y que ahora vendía perfumes en la calle. Fue ahí que me dije, cómo no permitirle a los alumnos llegar tarde en un caso así. Cómo no comprender su cansancio si se levanto, de un trabajo se fue al otro y todavía llega dispuesto cada día a terminar sus estudios después de las seis de la tarde.
Cómo no entender otro caso como el de Matías, que no fue a la escuela por una semana porque le habían robado el único par de zapatillas que tenía. Cómo no ponerse por un segundo en los pies de esos chicos, como lo hizo Herminia, para poder ver que exigirles determinadas cosas ya no tiene demasiado sentido.

viernes, 16 de julio de 2010

CEA: “escuela para adolescentes excluidos y desplazados del propio sistema”

La escuela para adultos en sus comienzos. Cómo se fue modificando el aprendizaje gracias a los cambios en el modelo educativo. Los valores de los jóvenes hoy y la exclusión que sufren por parte de la escuela primaria. Las palabras de una docente que hace más de 25 años que trabaja en una escuela para adultos de la ciudad de La Plata.


¿Cuánto tiempo hace que trabajas con adultos?

Trabajo con adultos hace 25 años. En mis primeros años de docencia trabaje en jardines maternales y después de unos cuantos años empecé directamente en adultos, cuando adultos era una rama exclusivamente para gente mayor de 18 años. A pesar de que se aceptaban menores de 18 años, pero sólo aquellos que no habían sido alfabetizados nunca o tenían muy poca escolarización. Entonces en aquella época vos podías tomar un chico de 15 años, pero que quizás había ido hasta primer grado, entonces adultos los tomaba.

¿Por qué se produce un cambio del CEA en sus comienzos en relación a ahora?

Creo que es propio de la degradación que hubo dentro del sistema educativo en nuestro país. Todo esto comienza a partir de la Ley Federal de Educación, donde después de pasados 5 o 6 años de implementada la ley, comienzan a aparecer los repetidores.
Cuando se incorpora el séptimo, el octavo y el noveno, a lo que era la antigua escuela primaria. No necesariamente fue por esto, ya que es un problema filosófico porque el modelo en que esta basado la ley hizo que se fuera degradando de a poco la educación formal. Es así que a partir del año 2000/2001, empezaron a repetir los adolescentes de séptimo, octavo y noveno, Llegaban a una edad donde la escuela primaria no los podía retener porque ya eran mayores de edad, entonces alguna parte del sistema educativo los tenía que absorber. Esto lo hizo adultos y ahí empieza la transformación de ser una escuela exclusivamente para adultos mayores de 18 años no escolarizados oportunamente y comienza a ser una escuela para adolescentes repetidores, desplazados y excluidos del propio sistema.

¿Qué fallas tiene la ley para ocasionar la exclusión de los adolescentes?

Es el modelo el que falló. Pasamos a un modelo donde se priorizan otras cosas, se socio logiza la educación. La historia ya no es historia, la geografía ya no es más geografía, es lo que el hombre hizo con el planeta.
A partir de ahí hubo un cambio muy grande. Si uno agarra los libros, de textos que se empezaron a usar en esa época, comparándolos con libros de textos de cuatro o cinco años atrás, se nota la falta de contenido y la cantidad de figuras. Los libros estaban llenos de otros recursos gráficos, pero con muy poco contenido textual.

¿Por qué piensa que se incorporó esta técnica en los libros?

Creo que se copió el modelo español sin pensar que los españoles ya lo habían dejado de utilizar porque no funcionó. En este país, salvo en aquella generación del `80 con la ley de educación 1420, después nunca más se pensó realmente en educación, en lo que hay que hacer, en lo que se necesita, porque vos para eso tenes que saber qué tipo de país queres, qué tipo de país vas a querer en el futuro, entonces vas a saber qué tipo de personas vas a formar.
Este país es un buque que ningún puerto le cae bien porque no sabe a dónde va y ahí están las consecuencias. Ésta última reforma también son remiendos, pero lo único que todo el mundo se da cuenta, sin necesidad que vos seas un especialista en educación, es que los chicos cada vez saben menos y lo poco que saben tampoco saben aplicarlo. La falla es que no tenemos proyecto de país, ni proyecto educativo, entonces hacemos lo que podemos.

¿Qué modificaría del modelo educativo?

Hay que tomar la educación con un poquito más de seriedad. No se puede ser tan superficial en todos los temas. Los chicos tratan algunos temas, pero tan superficialmente que no llegan ni siquiera a comprenderlos. Esos conocimientos que adquieren, tampoco se les explica cómo pueden transferirlos en otros aspectos.
Además la sociedad también fue cambiando en valores, en actitudes. La familia posiblemente tampoco apoya tanto a sus hijos como podía ser antes. La sociedad se modificó, la educación ha perdido su jerarquía. Ya el conocimiento no es un valor para la juventud. Hubo otras generaciones que el conocimiento y el saber eran un valor que te enriquecía y te enorgullecía, pero ahora no. Porque posiblemente si hay algún chico, dentro de las excepciones por supuesto, que estudia, ese chico va a recibir la antipatía del resto de sus compañeros y quizás hasta agresiones.
Hay toda una serie de factores que convergen para que la educación este así. Posiblemente este sea un tema para especialistas, para sociólogos, para psicólogos, para especialistas de la educación.
Desde mi punto de vista, creo que todo viene a través de lo que se llamó el constructivismo social, que fue la Ley Federal de Educación.

¿La escuela para adultos debe hacerse cargo de las fallas de la escuela tradicional?

Tiene que hacerse cargo, porque estos chicos ya no tienen un escalón más arriba donde puedan acudir. Los repetidores de séptimo, octavo y noveno no tienen otra instancia educativa. Si nosotros le fallamos y los dejamos afuera y también los excluimos, no tienen otro lugar. Por eso que adultos en este momento tiene que hacer grandes esfuerzos, no solamente desde la enseñanza, sino que también trabajar los valores. Tenemos en contra la parte adictiva, el alcohol, la violencia, la falta de interés. Pero estos chicos no nacieron así. A estos chicos los hizo así la misma sociedad. Cómo, cuándo, dónde empezó todo esto, no sé porque creo que es tema de especialistas que posiblemente tampoco lo puedan ver ahora. Quizás todo fenómeno social se pueda analizar a la distancia. Ésta es la prioridad que tenemos.
Cuando yo comencé a trabajar, las escuelas de adultos eran mal vistas porque trabajábamos con un sector de la población que era el más marginado: el analfabeto, el que venía del campo a la ciudad que había trabajado toda su vida y no había podido ir a la escuela. Dentro del sistema educativo, adultos fue como una rama menor discriminada por el propio sistema educativo, siempre fuimos “los de la noche”. Nunca fue valorizado el trabajo que hacíamos, siempre fue menospreciado y siempre estuvimos trabajando en escuelas primarias de prestado y nos hicieron sentir que estamos de prestados.
La paradoja es que ahora esa rama menospreciada es la que tiene que salir a salvarle las papas al sistema educativo que no sabe qué hacer con todos estos chicos.
No se cómo terminara todo esto, pero yo pienso que en dos o tres años más, va a desaparecer de nuevo el séptimo, octavo y noveno del sistema, o sea que estos chicos son el remanente que va quedando del sistema anterior. Cuando ya nos emparejemos con el nuevo sistema educativo, donde a partir de séptimo ya pasa a secundaria, va a llegar un momento donde nosotros no vamos a tener más el tercer ciclo y supongo que volveremos a ser lo que éramos antiguamente o nos podemos transformar en cualquier otra cosa, no lo se.